Ucrania es un territorio poscolonial que, durante siglos, fue incorporado por la fuerza al Imperio Ruso. Con el objetivo de homogeneizar a la población, las autoridades imperiales destruyeron el patrimonio cultural de los países ocupados, prohibieron las lenguas nacionales e impusieron el uso del ruso a todos los habitantes de sus territorios.
La Unión Soviética, que sucedió al Imperio Ruso, continuó con esta política de opresión de los pueblos y sus identidades para consolidar su régimen tiránico. La URSS eliminó a las élites nacionales, censuró la cultura y la educación, y construyó narrativas a su conveniencia. Como consecuencia, una gran parte de la población de Ucrania habla ruso, algo que la propaganda del Kremlin aprovecha activamente.
La invasión militar de 2014, al igual que la agresión a gran escala de 2022, fueron justificadas con el pretexto de la «protección de los derechos de la población rusohablante de Ucrania». Este mito coexiste con la narrativa de la propaganda rusa que sostiene que la región occidental de Ucrania está en conflicto con la oriental.
Timothy Snyder, reconocido historiador estadounidense y profesor de la Universidad de Yale, especializado en la historia de Europa del Este, en particular de Ucrania y Rusia,
señaló: